Los signos que a menudo pasan desapercibidos están relacionados con la contaminación parasitaria.
Infecciones parasitarias y contaminación interna
Los parásitos — como los helmintos y los microorganismos protozoarios — suelen aparecer en el cuerpo de forma imperceptible y, con el tiempo, ocupan el sistema digestivo, el hígado, los vasos sanguíneos y los tejidos nerviosos. Su presencia provoca una intoxicación interna constante, acumulación de toxinas, debilitamiento del sistema inmunológico y alteraciones en el funcionamiento de los órganos internos. Con frecuencia, las personas ni siquiera sospechan de su existencia, ya que los síntomas se desarrollan lentamente y afectan simultáneamente a distintos sistemas del organismo.
Alteración de la microflora intestinal y disbiosis
La presencia de parásitos suele alterar el equilibrio bacteriano del intestino, es decir, la llamada microflora. La disminución de la cantidad de bacterias beneficiosas provoca disbiosis, que se manifiesta con hinchazón, acumulación de gases, deposiciones frecuentes o inusuales y dificultades en la digestión. La disbiosis también debilita el sistema inmunológico y aumenta el riesgo de inflamaciones internas.
Disminución de la energía, fatiga crónica y anemia
Las toxinas acumuladas en el organismo, resultado del ciclo vital de los parásitos, afectan la circulación sanguínea y la absorción de hierro. Esto provoca un pulso débil, mareos, fatiga y sensación constante de falta de energía. Con frecuencia, las personas creen que esta condición se debe al estrés o a problemas de sueño, pero la causa real suele estar oculta dentro de un organismo contaminado.